
Imagen del Teatro municipal Alberto Saavedra Pérez, La Paz – Bolivia (2018).
Desde sus raíces precolombinas, donde las comunidades indígenas ya practicaban formas teatrales propias, hasta la influencia colonial que introdujo el teatro europeo con fines religiosos, la escena teatral boliviana ha sido un crisol de identidades y expresiones.
El teatro boliviano ha recorrido una travesía marcada por la resistencia y la adaptación, reflejando las complejidades sociopolíticas y culturales del país. A lo largo de los siglos XIX y XX, el teatro se consolidó como un medio para abordar temas sociales y políticos, con dramaturgos como Alberto Saavedra Pérez y Raúl Salmón de la Barra, cuyas obras ofrecieron una visión crítica de la realidad boliviana.
De acuerdo con la revista SciELO Bolivia, “la historia del teatro en Bolivia parece iniciarse siempre en el presente”, destacando la importancia de reconocer las raíces y tradiciones teatrales del país.
En la actualidad, compañías como Broadway Bolivia y Teatro de los Andes combinan tradición y creatividad, llevando el teatro boliviano a escenarios internacionales. Freddy Chipana, director y dramaturgo, señala que “El teatro en Bolivia sobrevive gracias a la pasión de sus artistas, pero requiere un respaldo institucional para crecer y profesionalizarse“.
¿Qué pasó el 27 de marzo?
El Día del Teatro en Bolivia, celebrado cada 27 de marzo, tiene sus raíces en un hito fundamental de la historia teatral del país: la primera representación teatral oficial, que se llevó a cabo en 1847 en la ciudad de La Paz. Este evento marcó el inicio de la teatralidad en el país, con la obra El médico de su honra de Tirso de Molina.
Aunque el teatro en Bolivia ya se encontraba presente en algunas formas previas, como las representaciones indígenas o las adaptaciones coloniales, este evento es considerado el punto de partida de la escena teatral moderna en Bolivia.
En el día del teatro se rinde homenaje a figuras clave como Liber Forti, cuyas obras marcaron un hito en la historia del teatro boliviano, aunque su relación con el contexto político y social de su tiempo sigue siendo polémica. A pesar de las críticas, su influencia en la cultura nacional es innegable.
En su biografía En libertad: charlas con aquel que está aquí, escrita por la abogada Gisela Derpic, Forti afirmaba: “El teatro debe ser un reflejo fiel de nuestra realidad, sin adornos ni censuras”, destacando su enfoque crítico hacia las estructuras de poder y su defensa de la libertad de expresión de la época.
A su vez, el Día del Teatro es una ocasión para recordar a otras grandes figuras como Agar Delós, pionera del teatro popular boliviano, quien revalorizó la figura de la chola paceña en el escenario.
Nacida en La Paz en 1937, Agar comenzó su carrera en la década de 1950 y rápidamente se consolidó como una de las grandes actrices del teatro boliviano. A lo largo de su carrera, participó en obras emblemáticas como Los hijos del alcohol, Plato paceño, Me avergüenzan tus polleras y Cuando vuelva mi hijo, en las cuales destacó por su capacidad para reflejar la realidad social de Bolivia y dar voz a personajes socialmente marginados.
“El teatro es mi voz para defender a los olvidados, para darles un lugar en la historia” menciona la actriz en una de las entrevistas que le realizó el periódico de la Razón previo a fallecer en 2019.
El teatro popular en Bolivia
Enraizado en las tradiciones orales de los pueblos indígenas, quienes han utilizado el teatro como forma de resistencia y expresión. Durante la colonia, las influencias españolas fueron predominantes, pero los mestizos e indígenas incorporaron elementos propios.
A mediados del siglo XX, el teatro boliviano comenzó a reflejar la realidad social del país. Con la creación de la Radio Difusora Nacional en 1940, el radioteatro cobró fuerza, abordando problemas sociales y culturales de la época.
En los años 80, con la consolidación democrática, el teatro popular ganó en diversidad y enfoque social, pero sigue enfrentando desafíos como la falta de apoyo institucional.
A pesar de su riqueza cultural, el teatro boliviano continúa marginado. Andrés Soria, crítico teatral, menciona que “El teatro boliviano está atrapado en un círculo vicioso: lucha por sobrevivir, pero siempre a la sombra de la política y la economía”.
Actores como la ya mencionada Agar Delós, pionera del teatro popular, también han sido fundamentales para visibilizar las luchas sociales en el escenario, pero el sector sigue careciendo de apoyo estatal y estructuras adecuadas.
Así mismo, el teatro en Tarija ha sido marcado por grandes desafíos, pero figuras como Julián “Chiquis” Cartagena fueron fundamentales para mantener viva la cultura teatral local. Fundador del café-teatro Caretas, Cartagena se destacó por su trabajo en la formación de nuevos talentos y en la creación de obras que reflejaban las problemáticas sociales de la región.
Piezas como La Orgía y Un Ataúd para Dos, dejó una huella imborrable en la escena tarijeña. Rolando Quiroga, actor tarijeño, recordó su impacto diciendo que “Chiquis no solo nos enseñaba a interpretar un personaje, sino a entender su esencia”.
Su fallecimiento en 2024 representó una gran pérdida para el teatro local, pero su legado perdura, vivo en las nuevas generaciones de artistas que siguen su ejemplo. La pasión y el compromiso de Cartagena continúan siendo faros de inspiración para quienes luchan por mantener el teatro como una herramienta de transformación social en la región.
Puesta en escena, el cierre del telón
Hoy, el teatro en Bolivia sobrevive gracias a la pasión de sus creadores, pero sin un futuro claro. A pesar de las dificultades, sigue siendo un espacio crucial para la crítica social y cultural. Según la crítica Laura Martínez, “El teatro está condenado a sobrevivir gracias a la pasión de sus actores, pero sin un respaldo real”, concluye.